Hoy amanecí pensando en esos gusanitos blancos que le echan a la leche para hacer yogurt casero, ¡se propagan increíblemente! Pues de igual manera se extiende el imperialismo, el capitalismo tiene semilleros muy bien abonados en el mal llamado patio trasero, el que tengan fincas aquí no asombra lo que llama poderosamente la atención es ver lo que sucede allá en cómo las hijas y los hijos de la Patria son capaces de escupirla. Ellos merecen ser deportados, enviados a un exilio de desmemoria y de la extinta conciencia, al eterno destierro donde deben vivir los traidores.
Aquí en el corazón palpitante del capitalismo, del imperialismo las tonadas llevan ritmos de festejo pues ya se sienten invadiendo nuevamente la Venezuela emancipada, ya preparan los tanates para ir a acaparar terrenos, invadir fincas, apropiarse del petróleo e ir a perforar la tierra y sacarle el sustento.
Ya preparan los tacuches y han mandado a lustrar los zapatos por ahí más de algún discurso ensayado por si surge en el camino la oportunidad de gritar, ¡hemos vencido! ¡hemos doblegado nuevamente! ¡hemos amansado a los potros salvajes! ¡hemos montado las yeguas más libres de la sabana! Hemos… hemos… hemos… con ayuda de traidores y de vende patrias hemos podido expropiar nuevamente, hemos llevado al pueblo a la miseria de hambre y de sueños… y nos hemos embolsado la más nutriente sabia de la Venezuela caribeña y de la América Latina a la cual le canta Calle 13.
Han gastado millones en comprar conciencias descarriadas, pensando que pronto darán el carambolazo y con un chinchelete soloquearse las ganancias, como lo han hecho con Guatemala, con Honduras, con Paraguay, como lo hacen concordando con genocidas y ladrones presidenciables y empresarios del capitalismo.
Aquí en el hervidero de azadones se ponen en la mesa los planos trazados con perfección de arquitecto los cuales han repasado una y otra vez desde hace décadas, esperando el momento preciso para pegar la puñalada, y no solo los anglosajones opresores, se han adherido al anhelo del motín los lacayos, los servidores del imperialismo, los que han sido capaces de renunciar al vientre que los parió, de escupir la placenta que los mantuvo anidados durante nueve meses, los que se han atrevido a ensuciar el suelo que les albergó en el nacimiento.
Aquí ya se sortean el azúcar, las empresas de telefonía, el mar del caribe venezolano que los quieren cercar como han cercado la frontera con México.
Allá en el patio trasero en donde urge que la juventud despierte a la conciencia, que busque su norte que no es más que el sur, también los lacayos se lamen los labios saboreando los posibles desfalcos, los asaltos mancomunados, preparan las bolsas para guardar las marmajas.
Sueñan que el imperialismo le corte la yugular a Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay, Argentina, Nicaragua y Cuba, total que Guatemala ya está en el hoyo a Guatemala la están dejando en los puros huesos, en tierra de desierto donde solo crecen los nopales y abundan los esqueletos.
Que es una dictadura dicen, dictador han llamado al hombre del nuevo siglo que nació del polvo y se convirtió en el pueblo, el presidente cantor, poeta, deportista, el soldado que hizo respetar el color verde olivo, ¡brincos diera yo que existiera uno solo de esos en Guatemala! ¡Que nazca uno de esos de las alcantarillas guatemaltecas!
De los charcos donde duermen los zancudos, de las láminas con goteras, de las chozas de lepas nacidas, urge un Hugo Chávez en cada arrabal, en las zona viva y en la Cañada, allá por carretera al Salvador urge uno de conciencia, uno que le de a la persona su valor humano y de dinero y de mercancía.
Chávez se ha vuelto pueblo, porque ha sido el eterno invisible, el oprimido, el silenciado, el golpeado, al que se le niega la oportunidad.
Chávez vive en los ojos de las niñas que sueñan con ir a la escuela, en las del campesino que quiere aprender a leer y a escribir, en la adolescente que sueña con ser maestra. Personas como Chávez llegan una en cada siglo, y entonces buscan desprestigiarlas, se crean campañas mundiales a ritmos de medios de comunicación sesgados, se les acusa, se les señala, se les manda a juicio, se les pretende encarcelar, se les llama locas enajenadas, adictas de jactancias del poder, se movilizan ejércitos de sumisos vende patrias y se les ataca por la espalda dentro y fuera de las fronteras.
Ha muerto un líder, el director de la orquesta, el entrenador del equipo, la primera voz, el maestro de la mano de obra pero, la orquesta sigue tocando, el equipo seguirá jugando y la construcción sigue porque la revolución y el socialismo brillan con luz propia y porque lo que tiene que ser será.
Así es que no nos amedrentan los lacayos ni las ínfulas de cartones de universidad privada, aquí estamos las obreras, los campesinos y las proletarias que somos la voz rugiente del socialismo que palpita con corazón de poetas, músicos, deportistas, egresados de universidad pública y por ahí los de algunas privadas a los que les ha despertado la conciencia.
Los fámulos han despertado esperando acaparar algún hueso, amasar una fortuna sin tener que trabajar honradamente, vender la tierra a cambio de un centavo o a cambio de un viaje a las islas canarias, o a un hotel cinco estrellas con cama de agua, vinos finos y abundantes preservativos.
Entonces ya tienen los recipientes listos para sacar hasta la última gota de sangre a los que van sacrificar. Pero no saben que Chávez se ha vuelto pueblo que vive: en el corazón del estudiante, en la leche materna, en los guindos, en la sabana, en los callejones de arrabales olvidados, en la voz de quien grita rebeldía, en la mano del artesano, en el catedrático de universidad que enseña el valor de la conciencia y del amor y fidelidad a la tierra.
Chávez se ha vuelto lluvia, jacaranda, azúcar, máiz, ola de mar bravío, cerro y petróleo.
¿Ahora qué pasará sin Chávez? Se preguntan los sedientos lacayos. Yo les digo que no habrá transición alguna, que el socialismo sigue como siguió sin Simón Bolívar y sin Ernesto Che Guevara, porque la revolución viene emergiendo efervescente desde el Sur, porque su pueblo le responderá, ojalá y nos llegue pronto a Centro América y que anide en la conciencia de Guatemala, para que despierte la juventud para que sacuda las conciencias, para que fecunde en la tierra fértil del egresado de la universidad, para que le devuelta la honestidad.
Chávez se ha vuelto pueblo, tierra, sol, viento y lluvia. Se ha vuelto los cuatro puntos cardinales y para eliminar el socialismo tendrían que acudir a una piedra filosofal y realizar la alquimia que sea capaz de eliminar el oxigeno que hoy respiramos quienes tenemos a Chávez en los poros. Y somos millones alrededor del mundo. Porque nuestro amor y nuestra conciencia no tiene fronteras.
Ya han llegado a Venezuela los lacayos digo los que viven en el extranjero porque los que viven dentro madrugaron a acaparar lugar, mañana verán enterrar el cuerpo de un hombre que se ha vuelto inmortal.
Chávez se ha vuelto pueblo y ya es necesario lacayos del sistema que lo empiecen a superar.
* Ilka Oliva es escritora guatemalteca residente en EEUU.
07/03/2013
COMENTARIOS DESDE AMÉRICA
AMELIA
Finalmente sus padres juntaron lo suficiente para mandarla a traer ocho años sin verlos y navidades, y cumpleaños en casa de sus abuelos maternos, una llamada telefónica para celebrar, para intentar abonar en el vacío de la distancia y de no estar presente. Un abrazo de despedida dio a sus abuelos en la estación de buses de Michoacán y emprendió el viaje tomada de la mano de un coyote hacia el Estado de Sonora frontera con Arizona, Estados Unidos en busca de sus padres que la esperaban ansiosos en Kansas City, Missouri.
El mismo viaje que realizan miles de criaturas diariamente en busca del calor del hogar, de aquel padre o de aquella madre que emigró por necesidad a atalayar el sustento y con la ilusión de mejorar las oportunidades de vida para sus crías. Faena, aventura, infierno que enfrentan miles de almas que no existen más que para aquellos que las vieron partir o que las dejaron esperando el irretornable abrazo. Amalia tenía trece años de edad y muchas ilusiones. En Sonora el coyote contratado por la familia la entregó a otro coyote que sería el encargado de realizar la travesía del desierto con ella. Canje común en este tipo de aventuras. Después de cinco días caminando en ambos desiertos exhaustos y deshidratados lograron llegar a Phoenix, Arizona sin que los atrapara la policía de la frontera. El coyote dio por terminado su trabajo al entregarlas a otro grupo que los esperaba en la carretera con los motores de los automóviles encendidos, para conducirlas a un lugar seguro, les dijeron. Junto al grupo de veinte personas que los acompañaban contando cinco adolescentes más fueron llevadas a una casa de seguridad en donde se les informó que serían entregadas a sus familiares, pero nada de esto sucedió. Esa casa se convirtió en el infierno para adolescentes, mujeres y hombres que caían en manos de ese grupo de criminales de trata de personas, Amelia junto a las otro cinco adolescentes fueron encerradas en una habitación pestilente a heces fecales y orina donde ya había otro grupo de niñas, fueron encadenadas de pies y manos se les daba de comer una vez al día, un pan tieso enmohecido y un vaso de agua.
Después del medio día eran conducidas a habitaciones divididas por canceles de tela, se les encadenaba a los catres y se les exponía a la trata, a ser violentadas por hombres que pagaban cien dólares por tener sexo con ellas.
Uno tras otro
Amelia era la más jovencita del grupo la más débil que se negó a probar bocado, ensimismada en su propio calvario. Por cincuenta dólares más podían quemarles los pezones con cigarros encendidos y por cien destrozarles el recto durante diez minutos.
Por las tardes la cuota subía eran conducidas todas juntas a una habitación en donde se les amarraban ambas manos a un lazo colgado del techo, mantenidas en pie los clientes del lugar podían satisfacer sus aberraciones sexuales poseyéndolas dos de ellos a la vez, uno por adelante y otro por atrás.
Terminaban los días inconscientes, sodomizadas, con el deseo de morir en cada instante y no despertar nunca. Ninguno de ellos utilizó protección alguna Amelia fue una de las adolescentes que resultó embarazadas de aquellas salvajes violaciones a las que fueron sometidas durante tres semanas, en la casa donde se suponía que sería un refugio para esconderse de las autoridades fronterizas de Estados Unidos.
Uno de los clientes del lugar se compadeció de ellas y en un instante de confusión se comunicó con un grupo de amigos que armados con pistolas y rifles , inmediatamente rodearon la casa y lograron rescatar a dieseis mujeres y a cuatro hombres que también fueron sometidos a salvajes violaciones.
No llamaron a la policía para que las personas no fueran deportadas, en su lugar se contactaron con grupos que brindan apoyo a migrantes sin documentos e inmediatamente fueron movilizadas a lo largo y ancho de la nación Estadounidense.
Amelia viajó con el grupo de dieseis mujeres en un camión que transportaba latas de frijol y alverjas llegaron a Boston donde las esperaban médicos y enfermeras, psicólogas y trabajadoras sociales, un grupo de voluntarias que traducían del español y mandarín al inglés, pues también se encontraban dos asiáticas y una nepalí.
Amelia la niña-adolescente de trece años de edad al igual que las demás tenía las quemaduras de cigarro vivas en los pezones, espalda y estómago el rostro inflamado por los golpes, moretones en las piernas y las huellas de las cadenas marcadas en las muñecas y tobillos, esa mirada perdida en la nada, el frío que amenaza cuando la muerte ronda, cuando el deseo de desaparecer acuna en sus mentes perturbadas.
Amelia no soportó con el peso de su desdicha no quiso esperar a ver crecer el feto en sus entrañas y esa primera madrugada en el refugio tomó una de las fajas con que las vendaron y se dirigió al baño, se amarró la blusa en la boca para que no se escapara ni uno solo de sus sollozos y se ahorcó en silencio, uno a uno fueron agonizando sus fantasmas, sus temores, sus odios, sus ilusiones hasta que se apagó por completo la luz de sus ojos y su corazón desistió de aferrarse a la vida.
* Ilka Oliva es escritora guatemalteca residente en Estados Unidos colaboradora habitual de Fortinmapocho.com
Foto: Ilka Oliva
19/02/2013
A LA TUZA CON LA DISCRIMINACIÓN
Una vez recuerdo que me dijo una niñera polaca cuando paseábamos a la crías que cuidábamos por el parque: “ no les des todo tu amor, los padres no lo agradecen” me lo dijo ella y me lo han dicho muchas a lo largo de los años. Y han tenido razón los Tatas no lo agradecen pero vos no podés exigir un mundo mejor si no aportás a influenciar en las crías que están creciendo, si son tuyas o no es lo de menos.
En uno de esos tantos desaires que hacen las madres y los padres de las crías que cuidás recuerdo qué, cuidando una niña la llevé a su lección de piano, era la única niñera en el recinto el resto eran mamás, curiosa y milagrosamente la mamá de la cría tuvo tiempo para asistir a la clase y se la disfrutó, alguien me preguntó qué edad tenía la niña y a contestar iba cuando inmediatamente salió a atajarme la mamá que respondió: “ella es solo la niñera yo soy la mamá y tiene cinco años de edad”, yo sentí que la cara me agarraba fuego, azareada completamente y pronto un nudo de bilis subió por mi garganta hasta asentarse en mi cabeza, perdí la mirada entre los pianos y las crías del salón. Ambas los notaron y quisieran aplacar el bochorno causado con un: “bueno es como si fuera la mamá porque ella la cuida todo el día”.
Entonces las palabras de la niñera polaca me martillaban los sesos, ése como tantos es un ejemplo de los invisible que somos quienes trabajamos en donde no te pagan con cheque… Seguí siendo igual con la niña porque creo firmemente en que éste mundo se puede cambiar.
El otro día acompañè a una familia a dejar a su hijo a la universidad, yo quería vivir la emoción del primer día, cuando los ayudan a organizar sus cuartos, conocen el número de piso en donde vivirán y se presentan con los docentes, una fiesta muy linda para quien tiene la oportunidad de acceder a la educación superior en este país. Llevé mi camarita quería que ellos también guardaran ese momento inolvidable en sus memorias.
Caminando de salón en salón y de edificio en edificio rodeamos el campus central, actividades varias se realizaban por la festividad, un jolgorio total.
Pero este país por más que haga el intento de avanzar en cuestión de racismo y xenofobia sigue estando en el mismo putrefacto abismo. Leí en un pizarrón puesto en la entrada de un salón de actos, “ la fiesta para las personas de color se ha movido al salón número tal” no lo podía creer y fui en busca del salón número tal, en efecto ahí se llevaba a cabo la bienvenida, gente morena, negra, zamba, hindúes, hispanos, pakistaníes, toda piel que no fuera blanca y ojos que no fueran verdes y azules estaban ahí reunidos, con mucha menos comida, ahí no había una orquesta tocando en vivo como en el salón de los blancos, tampoco vino ni entremeses, apenas unas cuantas cervezas al tiempo y panes con queso derretido. Era algo así como el Apartheid del que habla Nelson Mandela y que canta en su Pata Pata Miriam Makeba, solo que en su versión light. De maleada me empiné la cerveza al tiempo para compartir con ellos por los menos la cebada tibia en la panza.
Cuando trabajás limpiando casas siempre entrás por la puerta de atrás, por el zaguán, por el portón eléctrico y para no molestar a las “patronas” con el aviso de tu presencia te dan la clave para desconectar la alarma, asì te pasas el dìa invisble, caminando sigilosa para no perturbarlas con tu presencia y con tus utensilios de limpieza, tan invisible que no podés agarrar ni siquiera una manzana del refrigerador, mucho menos sentarte a comer en la cocina, el comedor… ¡y quien se atreva a negarlo es porque no tiene sangre en la loza!
De pronto cuando descuidadamente se topan con vos ya sea en el sótano, el tercer nivel o en alguna del puñado de habitaciones de la mansión, entonces te saludan, te dicen que si les podés limpiar tal cosa, entonces sos la “dulce niña, la amiga latina o extranjera, la mano derecha, la que sabe en dónde está cada cosa en la casa” así lo pregonan con sus amistades cuando toman el té, claro para que lo escuchés vos cuando estás planchando la ropa por las tardes en la lavandería.
Pero no te pagan el salario justo, mucho menos tener la conciencia de pagarte el día si te enfermás y no podés asistir, cuando saben perfectamente que no contás con ningún tipo de prestación laboral por tu condición de indocumentada.
No, tampoco te dan libre los días que son feriados oficiales, trabajás porque trabajás. Para el día de Acción de Gracias sos la última en salir de la mansión porque tenès que dejar limpio después de la cena que ellos disfrutaron y a vos no te convidaron si siquiera las patas pelonas del chompipe. Y si les pedís el día te dicen que en tu país no se celebra eso entonces que como no es tu tradición… linda salida de emergencia.
Somos seres invisibles o de segunda categoría como la gente homosexual que aunque están intentando “lidiar” con ella aun se les niega el derecho a la unión civil con todos los beneficios de la ley.
Las latinas somos -ya lo había comentado en otro artículo- las diosas de las discotecas, las Venus de los centros nocturnos, no hay gringo que se resista al movimiento de nuestras caderas, los candentes movimientos los atraen como abejas al panal. Entonces jugamos a ser las inquisidoras y ellos quienes van a la hoguera, la pista arde en llamas y se lanzan con los ojos cerrados a incinerarse entre nuestros brazos, buscan sedientos nuestros buscos frescos, nuestros labios siempre dispuestos, somos las dueñas de la noche y de sus cuerpos. Ahí no importa si tenés profesión u oficio, si sos analfabeta, indocumentada o trabajadora sexual, en ése preciso instante sos la Diosa del Movimiento y poco falta para que te pidan matrimonio con todo y sortija.
Y ahí sí como cantaba hace veinte años The Sacados “ritmo, ritmo de la noche…” Pero depende de vos si solo los latigueàs para domesticarlos o si caés también en el juego de creerte cenicienta durante el día. Si caés en el juego ya valiste pura estaca porque durante el día las reglas del juego cambian.
Sos la invisible latina que solo sirve para limpiar las casas de las patronas, para optar a trabajos de mano de obra como en fábricas… Si te descriman entre latinos ya te imaginás vos con otras culturas. Sí, el latino que nace aquí se cree gringo y patrón y ése es peor porque encima el apellido López lo quieren convertir en Smith.
Se identifica muy bien a una latina rasa –como yo- de una que por haber llegado a este país con visa y con dos títulos de universidad privada –de cualquier lugar del continente- que se casó con un gringuito y ya tiene la ciudadanía , se crea estar durmiendo en las hamacas del Tío Sam. La latina rasa inmediatamente se enjarana con un carro de doble tracción aunque no existan las curvas y las calles sean planas, ellas necesitan sentirse poderosas e intocables en esas grandes moles, en cambio la latina emigrada que egresó a la universidad también de boba se enjarana pero con un BMW, Jaguar, Mercedes… osea la misma tontera pero con diferencia de marcas… la universidad les ha enseñado a vivir en el mismo mundo de vacíos existenciales pero con mayor “garbo”.
Tan asì la discriminaciòn como en Guate cuando ven a un indìgena trepado en un carro, los que se creen ladinos dicen esa frase que he escuchado durante toda mi vida: ” puta ese indio pisado tiene carro y yo no”, o cuando yo me graduè de maestra la gente decìa en el bus: “mirà la heladera se graduò”.
Agarré mi cámara y me fui a caminar durante horas al jardín botánico de Chicago, lugar que tanto como las reservas forestales son muy poco visitados por latinos, la razón es que preferimos quedarnos en casa viendo las telenovelas y si es fin de semana el fútbol. Otra razón poderosa es que nos creemos inferiores en todo ámbito y una cosa es que ellos te lo quieran hacer sentir y otra muy distinta que vos te la creás, el clavo está si vos te vas con esa inferioridad a dormir, porque ya estuvo que no te la quitaste de encima – como amante despechado-.
En el lugar caminaban gringos, asiáticos y europeos con sus cámaras profesionales captando los copos adormitados en las ramas de los cerezos, yo entretenida con mi camarita fotografiando los lagos congelados.
Sentía las miradas de asombro e indagantes puestas sobre mí pero decidí no prestarles atención y seguir con mi pasa tiempo, hasta que el primero agarrò valor y me preguntó que si era fotógrafa profesional, le dije que no, pero no dejaba de observar el estuche, el palito de tres patas y mi loza, aunque tal vez en muchos casos mi loza no me declara latinoamericana mi acento al hablar inglés sí.
Se fue, el siguiente me lo encontré en otro caminito poblado de nieve este de una vez fue a tocar mi cámara y me hizo la misma pregunta a la cual contesté lo mismo, y así varios de ellos que caminaban solitarios con sus estuches de fotógrafos corresponsables de revistas y de saber cuántas otras vainas imaginarias dentro de mi maceta, se acertaban y se retiraban observándome asombrados con las miradas que te decían claramente que estabas usurpando espacios.
Y no, no es mi imaginación pero así como en las noches de discotecas te los dicen a todo pulmón y con dos tequilas en la shola, durante el día te lo dice extrasensorialmente, muchas veces con miradas que clavan puñales como los del ku klux klan en su versión iPad.
Lo importante es que aunque te discriminen y sean muy bien definidas las estructuras sociales, migratorias y de color, vos podás discernir que no existen diferencias ni de gènero, ni de clases, credos, fronteras…. Que te quiten tu condición de humana con todos los derechos y obligaciones que esta mención amerita.
Por lo demás ¡Què se echen cal! ¡Con que vos sepàs que tenés el mismo valor durante la noche y durante el día el resto que se vaya a freír niguas!
¡En el dìa por supuesto que tambièn les podès meter sus latigazos!
* Ilka Oliva es escritora guatemalteca y colaboradora habitual de Fortin Mapocho.com
09/02/2013
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