Stéphane Hessel, el autor del best seller ¡Indignaos! que dio origen al nombre del movimiento ciudadano de los indignados, ha fallecido esta noche a los 95 años, según ha anunciado su esposa, Christiane Hessel-Chabry. Antiguo diplomático y defensor de los Derechos Humanos, Hessel vendió más de cuatro millones de ejemplares de ¡Indignaos! en casi 100 países desde que salió en octubre de 2010.
Nacido en Berlín en 1917, Hessel se convirtió en ciudadano francés en 1937 después de que sus padres huyeran de la amenaza nazi y se instalaran en París. Durante la Segunda Guerra Mundial se enroló en la Resistencia, fue condenado a muerte y capturado por la Gestapo y deportado a los campos de concentración nazis de Buchenwald y Dora-Mittelbau. Tras la guerra inició una carrera en la diplomacia y colaboró en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Hombre de izquierdas y europeísta convencido, era famoso por sus ideas progresistas. Su libro ¡Indignaos!se convirtió en una suerte de guía para el movimiento español de los indignados nacido de las manifestaciones del 15-M en 2011.
Al principio, sus razones para la indignación eran, sobre todo, la creciente desigualdad entre los ricos y los pobres, la forma en que Francia trataba a los inmigrantes y los ataques contra el medioambiente. El propio autor reconocía en una entrevista publicada por El País en mayo de 2011 que no esperaba que su librito de apenas 32 páginas tuviera tal repercusión en el extranjero.
'Cuando empezamos con la idea de este pequeño libro teníamos a Francia en la cabeza. Ocurrió que en pocas semanas se produjeron varios acontecimientos. La popularidad de Sarkozy se fue hundiendo, lo mismo ocurrió en Italia con Berlusconi, e incluso en España con Zapatero, y en Portugal con Sócrates. Antes de que se produjeran las revueltas del norte de África, la idea de que los Gobiernos de varias partes del mundo rozaban comportamientos que provocaban la indignación de la gente era algo que raramente habíamos visto', aseguraba.
'Luché contra Hitler y fui yo quien ganó', dijo el escritor Stephan Hessel antes de la publicación de sus memorias en español. Para el autor de '¡Indignaos!' la vida era 'la búsqueda activa de la felicidad' y la muerte algo que esperaba con 'un cierto apetito'.
En Mi baile con el siglo, Hessel cuenta que la muerte casi le atrapa en Buchenwald, un campo de concentración nazi, donde fue internado en tanto que miembro de la Resistencia francesa.
Fue condenado a morir en la horca, pero 'in extremis' cambió su identidad por la de otro preso fallecido de tifus. Fue el mismo día de su 27 cumpleaños.
Antes había sobrevivido a la tortura de la Gestapo en París y, tras Buchenwald, fue deportado a Rottleberode y después a Dora, un campo de 'exterminio sistemático', donde vivió el 'horror puro, absoluto' al pasar un día desnudando cadáveres, cubiertos de sangre y excrementos, a cambio de dos rodajas de salchichón.
De Rottleberode y de Dora consiguió fugarse. La primera vez le atraparon, la segunda no.
La poesía fue su tabla de salvación
Y lo fue, puntualizaba Hessel [Berlín, 20 de octubre de 1917], porque, por un lado, 'los que sabían contar tenían más posibilidad de sobrevivir' y, por otro, porque 'en situaciones dramáticas, cuando uno posee el don de la poesía, ayuda a seguir fuerte'.
'Para mi fue maravilloso poder recitarme y recitar poemas a mis camaradas en alemán, inglés y francés', contaba Hessel, y aclaraba que para él, un hombre 'nada religioso', la poesía es 'espiritualidad'.
Esa pasión por la poesía que trufa las más de 400 páginas de Mi danza con el siglo, le fue inoculada por su madre, Helen Grund, una berlinesa 'excepcional' que vivió rodeada de pintores e intelectuales y tuvo una 'enorme influencia' sobre él, no en vano la considera su 'ángel guardián'. Su padre, Franz Hessel, un escritor judío alemán le inculcó su 'gusto por el politeísmo', y cuarenta años después de su muerte se convirtió para él en 'una figura iniciática'. Sus progenitores, ambos de familias adineradas, formaron con el artista francés Marcel Duchamp [amigo de Franz y amante de Helen] el célebre trío reflejado en la película Jules et Jim [1962], de François Truffaut, una de las joyas de la 'Nouvelle vague'.
A sus padres debía la 'suerte', una constante en su vida, de haber recibido una educación elitista en Francia, donde llegó con apenas siete años, y poder adquirir a los 20 la nacionalidad francesa.
También consideraba una suerte haber podido luchar contra los nazis en las filas de la Resistencia, en los círculos más próximos al general De Gaulle: 'Luché contra Hitler y fui yo quien ganó', decía.
El destino le volvió a sonreír cuando entró, con apenas 28 años, en Naciones Unidas, la organización 'más importante, gracias a la cual no ha habido una tercera guerra mundial', asegura.
Hasta hoy era el último 'padre' vivo de la Declaración de Derechos Humanos, que esta está ahí 'para indicarnos el camino', decía.
Era consciente de que cambiar el mundo no es fácil, pero consideraba que 'no hay que desanimarse jamás' e instaba a los ciudadanos a que se impliquen.
Ante la inminencia de la muerte, a sus 94 años, Hessel mostraba 'mucha simpatía' y 'un cierto apetito'. 'Pienso que lo mejor que nos puede pasar al final de la vida es morir', mantenía.
Estaba seguro de que 'la muerte acogerá a alguien que ha aprovechado bien su vida, a alguien que ha sido muy feliz'.
Imagen: Stéphane Hessel
Fuente: AGENCIAS París 27 FEB 2013 - 10:04 CET33
Enviado por Guy Mansuy colaborador de Fortin Mapocho.com. Enviado desde París.
27/02/2013
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